El centro de Pilar despide a un querido vecino y comerciante histórico: en las últimas horas falleció Carlos Moreno, dueño de la heladería Bom Que Bom. Tenía 70 años y desde hace alrededor de un mes se le había diagnosticado una grave enfermedad.
Su vida estuvo siempre ligada a la heladería fundada por su padre -también llamado Carlos- en octubre de 1955. Él había nacido apenas 6 meses antes, por lo cual creció con el negocio familiar bien asimilado: a los 20 años comenzó a trabajar en el negocio.
En una extensa nota brindada a El Diario en septiembre, Moreno decía sobre las siete décadas de la heladería: "El aniversario lo estamos viviendo con mucha emoción, 70 años es mucho tiempo. Me gusta porque tengo el reconocimiento de la gente, eso me hace sentir muy bien".
Además, aseguraba que jamás podría cansarse de los helados: "Es mi adicción. Y de los 56 sabores que había dando vueltas en algún momento, a mí me das crema americana y dulce de leche y es mi pasión".
El tour de Bom Que Bom
El primer local funcionó en Rivadavia, entre Bolívar y Lorenzo López, pegado al Palacio Municipal. El segundo estuvo apenas a unos metros de distancia, en la esquina de Bolívar y Rivadavia (donde hoy funciona la cafetería Lion´s). Eran épocas florecientes, donde la heladería cerraba sus puertas a las 3 o 4 de la mañana. Allí ampliaron el rubro y Bom Que Bom se convirtió también en pizzería. La experiencia duró dos años y luego se trasladaron a la calle San Martín entre Lorenzo López y Bolívar, siempre frente a la plaza.
Finalmente, la última y más extensa parada antes de despedirse de la 12 de Octubre fue el emblemático local de la esquina de Rivadavia y Lorenzo López, que durante mediados de los 90 fue punto de encuentro para jóvenes y adolescentes. En el medio, llegaron las sucursales, una en Bianea y otra en Del Viso.
A principios de los 2000, la crisis hizo que la heladería tuviera que alejarse un poco centro. Fue entonces cuando se trasladaron a la Avenida Tomás Márquez (esquina Camilo Costa, donde permanecen en la actualidad), a un local propio.
Siempre acompañado por su esposa Patricia ("mi verdadero pilar", la definió), Carlos Moreno no tenía dudas acerca del negocio que fundó su padre cuando él era apenas un bebé: "Si me llegás a sacar la heladería me pongo a llorar".
(pilaradiario)